Día helado, noche helada, tiempos de guerra. Tiempos fríos, tiempos oscuros y tenebrosos. Tiempos que nunca acaban, aquellos de los mas escasos, donde no hay qué comer ni motivos por cual ganar.
Ella espera, sentada, frente a la ventana, firme, esperando su respuesta. La respuesta de aquel hombre, que alguna vez la hizo feliz. Paciente y atenta espera, lo que nunca va a llegar. El hombre de sus sueños, el esqueleto deseado, el corazón reclamado, la muerte en vida.
Por lo que se despierta, por lo que duerme, por lo que cierra los ojos y desea no volver a abrir. Aquel hombre, que la dejo presa del olvido. Hombre que la conquistó, no solo palabras, sino con hechos.
Dulces melodías, atravesadas en las noches frías, pensamientos eternos. Ilustres, tal cual, al pie de la letra. Depresiones que no cesan, esperas sin fin. Sonrisas por motivos especiales, llantos por aquel hombre.
Admiraba aquel paisaje, frío, fúnebre y oscuro. Donde las risas no existen, donde no hay por qué luchar, no hay motivos para seguir adelante.
Trabas que te estancan en el presente, tabaco que te consume.
Llaves sin cerraduras, cerraduras sin llaves.
Mujeres sin hombres, anillos sin dedos.
Corbatas sin trajes.
Vestidos sin corsets.
Y lo que más le dolía... una cama para dos, donde solo yacía ella.
Sola y resentida, sola y depresiva.
Ella, donde el silencio se adueñaba de su mundo. Donde las carcajadas no existían, donde lo dulce se vuelve frío y oscuro. Donde los colores no existen, y sólo el blanco, el gris y negro la rodean.
Lágrimas negras, que derrochan felicidad impura.
Depresión alternativa.
Palabras sin gracia, oraciones sin palabras, textos sin sentido. Ella, propia vida sin sentido. Nubes negras, donde acecha la tormenta. Donde el miedo te rodea, y aterroriza. Ella, sola, sin nadie que la contenga en noches de frío, sola.
Amaneceres fríos, solitarios, contemplados por ella, en la ventana.
Esperando a aquel Hombre... que nunca vendrá.
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